Hace algunos años se filmó una película nacional que se llamaba "la barra de la esquina", y un poco recordando ese título del cine argentino de los buenos tiempos, yo quiero recordar ahora a los fantasmas de mi infancia, chicos y grandes que poblaron mis hermosos días vividos en mi viejo y querido pueblo que cobijó los primeros años de mi vida y que siempre llevó atados a mis mejores recuerdos y a mi profundo cariño.
Llegan desde el fondo de mis caros recuerdos Armando y Negro López, Baldín, Beto, Geli, Tete y Belo Bouza, negro García, Cacho Baroni, Juan Baroni, Forte, Negro y Negra Gatti, Manolo Berrocal, Elsa Pochintesta, Oscar Nieves, Lalo Santillo, Gordo, Flaco y Raúl Freije y tantos otros queridos amigos de mi infancia que conformaban la "barra" de mi esquina, con la cual me reencuentro cuando estoy solo, generalmente por las noches y bien vienen hacia mi en mis sueños y compartimos los juegos juntos, aquellos viejos juegos infantiles, muchos de los cuales se han perdido y han emprendido el camino del recuerdo emocionado como mis amigos.
Junto a mi querida barra de mis viejos amigos de Mones Cazon aparecen familias y personas encuadrando mis recuerdos y dando vida a través del tiempo a tantas situaciones llenas de felicidad que hacen que mis recuerdos se embellezcan y forman parte de las cosas más queridas de mi existencia.
Así aparecen doña Manuela Bouza, dándonos batatas asadas en el horno de su cocina económica, don Domingo Bouza con su eterno cigarrillo negro entre sus labios su voz profunda, sus hijos mayores, José, Domingo, Poroto y las chicas, Olga, la Fela y Angela. Prefiero usar los sobrenombres porque tienen para mí, al menos un sabor distinto al de los nombres, sabor que proviene seguramente de la nostalgia cariñosa.
También sigan por ese camino de recuerdos doña María López, su mamá doña María grande y el abuelo, su marido que tenía una de aquellas viejas chatas de caballos, debajo de la cual desplegábamos todas nuestras energías y nuestras fantasías; acompañan a mis recuerdos de mi barra, Carmelo Scardini, quien nos ofrecía sus charlas en algunas zanjas del barrio o debajo de la chata de don López, en esa época y tal vez ahora también ocurra, los adultos casi no tienen con los niños charlas de tono adulto y Carmelo las tenía con nosotros y era un poco el padre o el tío mayor de todos nosotros.
Aparece en mis recuerdos, la señora de Gaitán, la querida maestra de clases particulares, y otras personas, don Manuel Berrocal, don Domingo Pochintesta y su esposa doña Luisa, don Manuel Freije y su señora, doña Agripina Gatti, don Enrique y sus hijos, el Cholo, la Chola, Etelvina, Angela, el José, Enrique, la familia Gelabert, don Casimiro y doña Casimira y los muchachos, Mario, Lucho, Pablo, Rodolfo, Margarita, Pepe, Casimiro, don Aniceto Gonzalez y su familia, don Felipe Antona, Elvira y César, sus hijos y su esposa y tantos otros hombres y mujeres que hicieron mi niñez muy feliz y a quienes desde estas páginas quiero brindar mi homenaje, mi recuerdo emocionado.
Pido mil perdones porque se, tengo la absoluta certeza de que he olvidado de muchos, sin embargo para ellos que están seguramente en un rincón de mi corazón mi sentido homenaje, mi recuerdo, mi eterna gratitud, porque ellos queriendo o sin quererlo posibilitaron que un humilde chico de pueblo adquiriera esta sensibilidad y este sentimiento de cariño por todas y cada una de esas personas. Junto a nuestra barra se movían, porque eran nuestros custodios de alguna manera, don Gómez y don Herrera, que eran los policías del pueblo. Junto a estos chicos y grandes estaban las veladas en la esquina, sobre todo en las noches de verano, las celebraciones de las festividades de San Juan y San Pedro, que nos tenían preocupados trabajando durante los días previos para juntar yuyos para poder quemar en esas fechas, que eran también motivo de reunión de la barra.
Las serenatas para las fiestas de Navidad y fin de año, que eran dadas por los grandes pero con la consabida compañía de los chicos.
Los viejos corzos y sobre todo los juegos de carnaval con agua, en donde también intervenían los grandes y los chicos. Sigo desgranando recuerdos y aparecen nombres como don Manuel Monsalvo, Pablo García y su esposa doña María y no quiero olvidarme de Elsa y Haydee López y quiero decir también, que aquí, donde ahora vivo y donde no tengo barra y muy pocos amigos y no tengo esquinas pobladas de chicos en las noches de verano, donde a veces saludar es una falta de respeto y entonces era una obligación, a veces puedo encontrar algún viejo amigo de la barra y recordar, y entonces comprender que estos recuerdos son algo precioso y de propiedad únicamente de uno, tanto es así que a veces, recorriendo las calles asfaltadas de este Mones Cazon de ahora, se hace difícil, por no decir imposible reencontrarse con aquellos recuerdos, porque nada es igual, ni los pocos que quedamos de esa barra, ni el pueblo, ni casi nada, queda casi solamente la geografía, el lugar geográfico, lo demás es, también, una barrera infranqueable, mi barrera infranqueable.
El "rubio" de doña Felipa. (José Pérez Gigena)
Proporcionado por: Perla Vicente
Se acerca el aniversario de tu creación, es tu cumpleaños Mones Cazon, y me vienen a la memoria frescos recuerdos de mis años por tus calles de tierra y de tu gente, del orgullo de tu comunidad.
Recuerdo el paso del tren, que a todos nos convocaba para saludarlo.
Recuerdo el ruido de los motores Crossley de la vieja usina, y sus faroles amarillentos.
Recuerdo el olor a tierra mojada de tus calles y veredas al paso del camión regador, y también las mariposas que corríamos detrás de él en las tardes de verano.
Recuerdo los partidos de fútbol en la canchita de la Iglesia, y mis días de monaguillo con el padre Cortejarena.
Recuerdo al policía y al ladrón montados en bicicleta, y las carreras a empujones de kartings de bolillero.
Recuerdo la quema de cardos rusos y de viejas cubiertas en tus baldíos, en las noches de San Juan y San Pedro.
Recuerdo la honda, las bolitas, los autitos cargados con plomo y con ruedas de penicilina, y las zapatillas de flecha.
Recuerdo a la Ford de Vintágeli, y la Chevrolet de Holgado.
Recuerdo a la Sordería de Riera, y el Almacén de Don Herrero.
Recuerdo a la Confitería de Avelino Vicente, y la Juguetería de Casquero.
Recuerdo la Peluquería de Guaragna, y la de Mateos Fontirroig.
Recuerdo el colectivo del criollo Jaume, y la Gomería de Eugenia Lasca.
Recuerdo la esquina de Amez, y el Gran Hotel de Ferrari.
Recuerdo el Cine de Labriola, y los bailes del Centro Juvenil Agrario.
Recuerdo las tardes de peleados clásicos entre Atlético e Independiente.
Recuerdo los años de Shalako y de Le Nuit, y la disquería de Carlitos y Tata.
Recuerdo los bailes de carnaval y los desfiles de carrozas, para las fiestas de la Juventud Agraria.
Recuerdo mis días en el Jardín de Infantes, y el sonido de la campana de la escuela llamando a mi guardapolvo blanco.
Recuerdo el Colegio Nocturno y mi clases de mecanografía.
Recuerdo la Tienda de Lezcano, y la joyería de Dallari.
Recuerdo el Torino de Yepe Piazza, y el Falcon del Gallego Rocha.
Recuerdo a las carreras de obstáculos, y de la sortija; al chocolate caliente y los pastelitos, en las fiestas patrías del veinticinco de mayo y del nueve de julio.
Recuerdo a la Herrería de Etchepare, y la de Don Víctor Gross.
Recuerdo el Querosenero, y también al Lechero.
Recuerdo la Tienda de Don José, y la de los hermanos Goldstein.
Recuerdo la Carnicería de Arturo, y el Mercado de Tito.
Recuerdo la Veterinaria de mi viejo, y también la de Palito.
Recuerdo los asaltos y matinees de la Linterna del Club, y las serenatas para las fiestas de fin de año.
Recuerdo al Doctor Héctor Allievi, y la Farmacia de Fuentes.
Recuerdo a la Repuestería del Negro Vitángeli, y también recuerdo a Pitusa.
Recuerdo mis clases de Inglés con Rosita, y las horas de dibujo con Sarita y Alicia.
Recuerdo al Banco Provincia, y al Nación; y al Jefe del viejo edificio del correo Bragagnolo.
Recuerdo a la Panadería de Perotto y Davi, y la de Don Antonio López.
Recuerdo al baby-fútbol, y a nuestro equipo de Básquet.
Recuerdo al trío de guitarras de Durisotti-Huberty-Bossié, y recuerdo la voz de Mirtha.
Recuerdo el Almacén de Wilfe, y la Tintorería de Luisito.
Recuerdo a mis compañeros de escuela, a mis maestros, y especialmente a la barra de amigos de toda la vida.
Nunca uno olvida a su patria chica. Siempre tengo presente que nací en Mones Cazon, y que soy de Mones Cazon.
Alguien sentenció una vez: "Quién dijo que me fuí de mi pueblo, si siempre estoy llegando...".
Por eso, cuando te visito y veo que estás inquieto y con ganas de seguir progresando, con tu radio de FM, y con tu canal de cable, el ateneo cultural, la Gaceta, y todos tus proyectos a realizar en el futuro; me sirve para cargar las pilas y desearte en este nuevo aniversario, un FELIZ CUMPLEAÑOS MONES CAZON, Y SIEMPRE ADELANTE.
La Plata, 4 de Agosto de 1997.
Carlos Ariel Agüero
Proporcionado por: Perla Vicente