Avelino Vicente arribó a Mones Cazon en 1926. Con sus 13 años había abandonado para siempre Salamanca, en su España natal.
Trabajó duro y parejo en el campo con su cuñado, de quien fue boyero y peón, arando y sembrando en épocas difíciles en muchos sentidos.
Uno de los tradicionales negocios de Mones Cazon fue la confitería "La Armonía", percisamente en la esquina de Mitre y Ramos Mejía, donde actualmente funciona un hotel.
Perla Vicente, hija de Avelino, uno de los propietarios que tuvo la misma, recordó que "Mi papá compró la confitería en 1946 a la familia Sol y Floreal López. Se puso en sociedad con Adolfo Arnal hasta que él compró el cine. Mis padres siguieron hasta el 31 de marzo de 1972, con el bar y confitería que le insumían todas las horas del día, pues estaba siempre abierto".
"También vendían riquísimos helados y estaba el reservado donde ¡¡¡... se hicieron muchos noviazgos !!!... Funcionaba las 24 horas y hubo épocas en que mi mamá se levantaba para que papá se acostara. Venía mucha gente cuando funcionaba el ferrocarril, desde las estancias a cargar hacienda, y era tradicional desayunar en la confitería".
"La Armonía", se debía al nombre de una hija de los López, dueños anteriores. En tanto Avelino Vicente tuvo destacada participación en la vida comunitaria, bregando en la última etapa por la conformación de un centro de jubilados, lo que fue confirmado por su hija Perla ante nuestra pregunta: "Mi papá junto con Estallo, Puerto y varias personas más, luego de reuniones y tratativas, fundaron el Centro de Jubilados con la ayuda de sus pares de Pehuajó. Cuando lo estaban por inaugurar falleció, entonces sus compañeros decidieron ponerle al nuevo Centro su nombre, dado que fue uno de los que más anduvo".
En la confitería de Avelino Vicente y familia, se instaló el primer televisor que hubo en la localidad, todo un acontecimiento para la amplia clientela que diariamente se daba cita allí.
Eran tiempos de mayor cantidad de pobladores, y de visitantes, los que -como se dijo- hacían su paso por Mones Cazon o directamente se dirigían allí por razones laborales. El pueblo llegó a tener media docena de hoteles, fondas y hospedajes. Tal el caso de la Fonda "del Vasco", cuyo edificio se encuentra hoy en demolición, uno de los primeros levantados en el pueblo.
"Como la usina local cortaba la luz, Avelino tenía un grupo electrógeno durante el día qu ele permitía mantener encendidas las heladeras y conservadoras de helados. El último grupo fue un Petters de corriente alternada, el que estaba en una pieza junto al corralón, donde se almacenaban las garrafas de AGIP Gas del que Avelino era distribuidor y tenía mas de doscientas...
Era el año 1967, más precisamente, el inolvidable 8 de febrero. Siendo casi las 2 de la mañana el dueño ya había apagado el motor, mientras esperaba pacientemente que un grupo de bebedores trasnochados abandonara el local".
A esa hora es cuando se cortaba la luz; Avelino pensó que habían saltado los tapones de la línea de la vereda, y los clientes, sin más remedio decidieron marcharse.
Cuando el propietario sale al patio, divisó un resplandor rojo. Las llamas salían por la ventana de la pieza del grupo electrógeno.
Al grito de ¡¡¡¡FUEGO, FUEGO!!!! se despertó toda la familia y también los vecinos. Entre semejante alboroto corría Néstor (Bicho) López, quien sacaba las garrabas y las amontonaba en la calle. Lo ayudaba Oscar Fuentes mientras gritaba pidiendo auxilio en la calle. Miguel Balestena, mas los parroquianos medio "mamaos" que habían regresado, se sumaban al confuso salvataje.
Uno que reaccionó rápido, fue Abel López, que de inmediato llegó con el regador repleto de agua.
Nadie sabe de donde salieron tantas latas y baldes, pero la cuestión es que se sofocó el fuego, y no faltaron los graciosos que tiraban baldazos a los que aún conserbaban "restos de la bebida".
Recuerda también Perla, la importancia de los matafuegos acercados desde el Banco Nación, los lamentablemente, en un principio nadie sabía como usar.
Mas tarde se supo, que el causante de la fogata fue un cortocicuitoen la zona de arranque, y se terminó en una improvisada reunión en la confitería donde don Avelino agradeció a sus vecinos otorgando canilla libre.
Proporcionado por: Marta Vicente
El 2 de octubre de 1933, Manuel Berrocal, iniciaba en ese día lluvioso una nueva modalidad en materia de transporte de pasajeros entre Mones Cazon y Pehuajó. Es así, que entre lo de Huberty y Bagato camino al boliche de Pianca ...volcó!!! Encontrándose entre los pasajeros de aquel primer viaje, Don Andrés Fernández (mi abuelo)*.
*Parrafo ampliado por Nair Berrocal (nieta de Don Manuel).
Luego de fabricar en forma casera un colectivo, sobre el chasis de un camión Chevrolet modelo 28, se puso en marcha realizando su primer viaje.
En aquellos tiempos no existía aún comunicación directa entre ambas poblaciones, y la travesía se concretaba en una galera tirada por caballos, desde Mones Cazon hasta Albariño.
Así, don Manuel Berrocal, con visión de futuro, daba inicio a otra parte de la historia, aún con dificultades, por el camino del "Boliche" de Pianca.
"La Luz" encendida por Berrocal, seguiría alimentada por Sebastián Jaume, para todos, "El Criollo". Su hija Ernestina hizo mención a la etapa que comprende 25 años de viajes diarios, muchos, por los entonces caminos de tierra, destacando que los sucesivos propietarios mantuvieron el nombre elegido por el pionerodel transporte en Mones Cazon, en homenaje a su esposa, Luz Galán de Berrocal.
"El trayecto que hacía mi padre, era Mones Cazon - Albariño - Alagón - La Blanqueada - Pehuajó". Una vez, el Sr. Arrechavaleta, le pidió si podía pasar por la Estancia "La Cecilia" para llevar a los peones a Pehuajó y los niños a la escuela. Mi padre lo hizo muy gustoso como siempre, era sus forma. A los niños escolares, nunca les cobró.
"El micro salía a las 8.00 y llegaba a Pehuajó a las 9.00 o 9.30, regresando a la tarde. Así todos los días, durante tantos años. Dejó a los 63 cuando le avisaron que iba a entrar acá una línea nacional de micros. A partir de ese momento elaboró la idea de dejar hasta que vendió su unidad y ... terminó para él".
Hoy "La Luz" continúa encendida, en manos de Miguel Mendez.
Fuente: Diario "Noticias"
Proporcionado por: Marta Vicente
Aquellos que en el año 1958 cumplieron con el servicio militar obligatorio, recordarán cada 20 de noviembre, que por obra del destino les tocó realizar maniobras militares y desfiles en la zona y más precisamente en su pueblo. Ellos fueron nuestros vecinos, Héctor Arturo "Cáscara" Rossi y Aníbal Martino. Nos relataba la prodigiosa memoria del señor Rossi, que habían tomado el tren en la localidad de Haedo, cruzando parte de la pampa hasta llegar a la ciudad de América, donde desembarcaron y siguieron el trayecto hasta la estancia "La Candelaria" de a caballo.
En ese establecimiento se llevaron a cabo las maniobras militares, las que estaban a cargo del por ese entonces coronel Onganía (futuro presidente de facto de la Argentina).
Finalizadas dichas maniobras "de guerra" según lo expresado por Rossi, los comandados por el coronel Onganía se trasladaron, de a caballo, hasta la estancia "La Ideal" próxima a nuestra localidad, donde vivauearon. La llegada a dicha estancia se produjo el día 19 de noviembre de 1958 y el día 20 de noviembre se produjo, el más grande desfile militar que habitante de Mones Cazon pudo ver. Más de 5000 soldados a pasos acompasados hicieron su entrada a nuestra localidad, y entre ellos nuestros dos reconocidos vecinos; Héctor Arturo Rossi y Aníbal Martino quienes seguramente desfilaron orgullosos porque, en ese momento, las calles de tierra de su terruño.
Han pasado mas de 50 años de dicha epopeya y queremos recordar la para que no quede perdida en el recuerdo de los tiempos y para que las actuales generaciones conozcan un poco más de nuestro pasado.
Por eso más de uno, que no conocía la historia, al ver pasar a nuestros dos vecinos dirán ¡¡¡Ahí van los que desfilaron con Onganía!!
Proporcionado por: Perla Vicente